| Mi
anécdota personal
El viernes salíamos
para Girona sobre las 2 de la tarde. Tres horas antes
preparaba mi maleta, poniendo todo en orden, la ropa,
el neceser... las entradas de Amberes estaban reservadas
para recogerlas en taquilla, las entradas de Tilburg
las había comprado y me las habían enviado,
así que fui a buscarlas para ponerlas con el
equipaje... pero no estaban.
Busqué y busqué
pero seguían sin aparecer. Me puse muy nervioso,
no estaban en el lugar de costumbre, regiré
toda la casa pero nada de nada. Entonces recordé
que en el cumpleaños de María las puse
en un sobre para regalar la suya, eran dos y la suya
era su regalo, y también recordé que
posteriormente cogí el sobre... y lo tiré,
sin mirar dentro. El disgusto era enorme.
A la desesperada, eran ya
las 12 y solo faltaban 2 horas para salir, me puse
en contacto por email con la organización,
los cuales me respondieron que posiblemente habrían
entradas en taquilla. Volví a preguntarles
si no estaba todo vendido, que si me arriesgaba a
ir era para comprarlas de nuevo. Me aseguraron que
sí, que venderían unas pocas en taquilla.
Me tranquilizó un poco pero sin la seguridad
total de que iría a ese concierto.
Cogimos el avión para
Bélgica, el día de Amberes, por suerte,
no hubo problemas con la reserva y allí estaban
mis entradas... pero y Holanda?
Ya sabéis el encuentro
con Wilson. Una vez en el pub inquirí a María
que le dijese lo que nos había pasado con las
entradas de Tilburg, ella ni corta ni perezosa le
comenta que hemos perdido las entradas y que no podemos
ir al concierto de Tilburg. Él, en un principio,
hace un gesto de escepticismo, insistimos los dos
en que es cierto, que estaban en un sobre y que lo
habíamos perdido...
Entonces Wilson nos dice que
el concierto de Tilburg está todo vendido pero
que tenía una solución. Nos pide nuestros
nombres completos, los apuntamos en una servilleta
de papel, también nos pide nuestros móviles,
también los apuntamos, y nos dice que nos incluirá
en su lista de invitados para el concierto. No nos
lo podíamos creer.
Cuando María le da
el papel, le comenta si entiende nuestros nombres,
él dice que es el papel mejor escrito que ha
visto a lo que María le responde: deja de beber...
Wilson se rie.
SW: Puede pasar que al quitarme
los pantalones se caiga el papel...
María: Entonces te esperaremos en la salida...
SW: Y me daréis una patada en el culo, no?
María: Nooooo, nosotros no somos violentos...
pero te esperaremos a la salida...
SW: Y me daréis una patada en el culo...
María: Mejor no pierdas el papel
AL día siguiente, en
Tilburg, nuestros nombres estaban en una lista de
diez personas invitadas. Entramos y nos colocamos
en primera fila para ver el mejor concierto... no
era un sueño... era real...
Texto: Pere Lluís Piera
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